Reseña: En “Spider-Man: Brand New Day”, un superhéroe solitario madura
Reseña: En “Spider-Man: Brand New Day”, un superhéroe solitario madura
¿Nos están engañando los oídos? ¿O es que el Peter Parker de Tom Holland suena, al comienzo de “Spider-Man: Brand New Day” (“Spider-Man Un Nuevo Día”), más como un neoyorquino de pura cepa que antes?
La cadencia, ese acento medio de Queens… es llamativo, mientras vemos a Peter charlar por teléfono con la capitana de policía Jean DeWolff (Liza Colón-Zayas) sobre los delitos que azotan la ciudad y que lo harán entrar en acción, porque ahora es Spidey a tiempo completo. Pero detrás del intercambio animado hay una melancolía de fondo. Cualquiera que haya visto la última película, claro, sabe que hemos entrado en una era solitaria para Spider-Man.
La última vez que vimos a Peter, estaba comprando el café para llevar más triste de su vida como lanzatelarañas. Su novia MJ estaba en el mostrador de la tienda de donas, pero no tenía idea de quién era él; su recuerdo de Peter había sido borrado como parte de un sacrificio que él hizo para salvar el mundo.
El Doctor Strange le había advertido antes de lanzar el hechizo fatídico al final de “Spider-Man: No Way Home”: “Sería como si nunca hubieras existido”. Pero Peter se mantuvo firme: “Hazlo”. Y ahora, cuatro años después, está pagando el precio emocional.
Peter vive solo en un departamento deslucido; la querida tía May, por supuesto, murió en la película anterior. Ha estado mirando en redes sociales cómo MJ (Zendaya) y su mejor amigo Ned (Jacob Batalon) la pasan en grande en el MIT. Ese alguna vez fue el sueño de los tres: vivir y estudiar juntos en la universidad. No salió exactamente así.
Estos primeros momentos de “Brand New Day” marcan el tono de un tipo de película distinto. No es la fiesta para fans, con sorpresa tras sorpresa, de “No Way Home”, que, al abrir de par en par el multiverso, nos trajo un conjunto enormemente satisfactorio de reencuentros. Estaban todos los villanos clásicos: Green Goblin, Doctor Octopus, Electro, Sandman. Pero nada superó el regreso de nuestros dos Spideys anteriores, con Tobey Maguire y Andrew Garfield llegando para conectar con Holland a través de arcos emocionales, dolores de espalda y técnica para disparar telarañas.
Es difícil superar eso, desde luego. Y “Brand New Day” sin duda se queda rezagada, hay que decirlo, en su tercer acto, cuando se acerca (y supera con holgura) la marca de las dos horas.
Aun así, hay recompensas de otro tipo en la película del director Destin Daniel Cretton, para los fans acérrimos que las busquen. Jon Bernthal ofrece una interpretación atractiva como The Punisher. Mark Ruffalo también luce aquí, y Sadie Sink es una incorporación muy bienvenida, aunque contarles más podría desterrarnos a otro universo (la mera mención del nombre de su personaje provocó aplausos en mi función). Del mismo modo, hay un cameo gracioso con alguien que celebra reuniones en un baño público, pero no nos pidan que lo expliquemos.
La principal recompensa, sin embargo, es Holland, quien, una década dentro del papel, parece cada vez más humano y vulnerable. Holland también tiene, bueno, 30 años, y las líneas naturales de su rostro también señalan capas en su interpretación.
Empezamos, por supuesto, en la ciudad de Nueva York, que puede ser el lugar más bullicioso y el más solitario, todo a la vez. Y esa es la mejor manera de describir la vida recién anónima de Peter, en calles atestadas donde ni un alma lo conoce. Solo saben que Spider-Man es un as en la lucha contra el crimen. Esas calles nunca habían sido tan seguras.
Además de los delitos urbanos habituales, Peter ha sido reclutado por el Departamento de Control de Daños —y por el jefe de la agencia, Bill Metzger (Tramell Tillman)— para ayudar a identificar una amenaza invisible e insidiosa, una línea argumental que, francamente, nunca se siente tan convincente. Lo personal es lo que mantiene la atención.
A saber: En casa, Peter ha estado escribiéndole una carta a MJ, contándole la historia de su amor. Luego, un día ve a Ned, recién graduado del MIT, y lo sigue hasta su nuevo departamento, donde, quién lo diría, comparte piso con MJ. Ella acaba de rechazar un trabajo y le dice a Ned: “Algo me está diciendo que estoy esperando algo grandioso”.
¿Pero es Peter? MJ sí tiene un nuevo novio. Al ver eso, un Peter abatido se vuelve a casa, con la carta sin entregar.
¿Acaso no queremos todos ver a Spidey y a MJ juntos otra vez, balanceándose felices por la ciudad? Obviamente, no podemos contarles qué pasa entre ellos. Ni casi nada más. Ese es el desafío: hay más spoilers pegajosos en las películas de Spidey que telarañas pegajosas de Spidey.
Pero ya que hablamos de esas telarañas… las cosas empiezan a cambiar, de manera extraña, en el cuerpo de Peter. De pronto, las telarañas empiezan a generarse de forma orgánica, para empezar —al estilo del Peter de Maguire—. Y aparecen dolores de cabeza cegadores. En realidad, se trata de un desequilibrio de ADN.
El director Cretton, quien estuvo previamente a cargo de “Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings” (“Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos”) aprovecha bien su experiencia en Marvel aquí, y entreteje con acierto un conjunto de subtramas —incluidas la telepatía y la posesión— que mantienen la película en movimiento, aunque se podrían haber recortado fácilmente unos 20 y tantos minutos del desenlace.
Los paisajes urbanos son preciosos, mientras Spidey se balancea por la Gran Manzana. Holland, sin embargo, está mejor en primer plano, sin la capucha, mostrando una y otra vez que el suyo es un Spider-Man que ya ha crecido.
La historia termina con una nota de comunidad e interdependencia; el mensaje es que nadie puede hacerlo solo. Esto queda bien remarcado en una imagen final, un apretón de manos sencillo y dulce con un golpe inesperadamente conmovedor. Después de un cuarto de siglo de películas, “Spider-Man” todavía guarda sorpresas bajo la manga.
“Spider-Man: Brand New Day”, un estreno de Columbia Pictures, tiene una clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) “por secuencias de acción/violencia y algunos diálogos”. Duración: 145 minutos. Dos estrellas y media de cuatro.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.


