Hungría drenó sus aguas durante generaciones. Ahora la sequía deja ver cuál es el costo

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GÁRDONY, Hungría (AP) — La semana pasada, un pescador desembarcó de su bote en un pequeño puerto del lago húngaro de Velence y subió trabajosamente la pasarela del muelle, la cual se ha vuelto extremadamente empinada debido a que el agua ha retrocedido a niveles mínimos históricos.

Árpád Selmeci dijo que navegar incluso en una embarcación de pesca pequeña en el tercer lago más grande de Hungría resulta cada vez más difícil, ya que el nivel del agua ha descendido a unos 20 centímetros (8 pulgadas), muy por debajo de los 150 centímetros (5 pies) que se consideran óptimos para el mes de agosto. Las playas del lago, las cuales solían ser muy populares entre los turistas, han sido cerradas.

El deterioro del lago Velence forma parte de una crisis hídrica más amplia que afecta a Hungría, a medida que Europa se ve azotada por sequías cada vez más prolongadas y olas de calor provocadas por el cambio climático.

“He vivido junto al lago Velence desde que era niño y nunca había visto el agua tan baja”, expresó Selmeci, de 58 años. “Es terrible. Me duele en el alma todo el tiempo”.

Este verano, incendios forestales arrasaron el continente desde el Reino Unido hasta Grecia, mientras que, en Hungría, la sequía ha perjudicado el rendimiento de los cultivos, causado escasez de agua potable y amenaza con paralizar la única central nuclear del país.

No obstante, la falta de precipitaciones vinculada al cambio climático causado por las actividades humanas es sólo una parte del problema hídrico de Hungría. Los expertos dicen que la práctica histórica del país de desviar el agua de su paisaje y drenar sus humedales naturales lo ha dejado especialmente vulnerable a medida que las sequías se hacen cada vez más frecuentes y severas.

Un legado de drenaje de aguas

Aproximadamente el 99% del territorio de Hungría se encuentra actualmente en condiciones de sequía severa o extrema, según el servicio meteorológico nacional. Y la desertificación —un proceso en el que la vegetación retrocede debido a las altas temperaturas y las pocas lluvias— amenaza buena parte de la gran llanura húngara.

Pero más de una cuarta parte de Hungría está constituida por tierras bajas, que retienen naturalmente las precipitaciones y, en siglos pasados, sus numerosos ríos y arroyos la dotaron de abundantes recursos de agua dulce. No obstante, un estudio de 2023 publicado en la revista científica Nature estimó que la pérdida histórica de humedales en el país supera el 80%.

Zsuzsanna Ujj, especialista en políticas de biodiversidad y coordinadora de proyectos del grupo ecologista Friends of the Earth Hungary, expuso que el país “no ha gestionado bien sus aguas en los últimos 200 años”.

Un factor clave es la red húngara de más de 40.000 kilómetros (25.000 millas) de canales de drenaje —una longitud que supera la circunferencia de la Tierra—, los cuales evacúan la precipitación acumulada en campos, humedales y el suelo para dar paso a la agricultura y otras actividades.

La prioridad de drenar el terreno, en lugar de permitir que ocurran los ciclos naturales de inundación, ha contribuido a un descenso constante del nivel freático y a la desecación de los humedales y de la capa superficial del suelo. Al haber menos agua disponible para evaporarse, el aire se reseca, lo que reduce aún más las probabilidades de que haya precipitaciones locales.

Ujj agregó que Hungría —uno de los países europeos más expuestos a las sequías, ubicado en el puesto 16 a nivel mundial, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos— “necesita reorientar sus prácticas de gestión del agua, y pasar de un enfoque basado en el drenaje a uno centrado en la retención de agua”.

Lagos que desaparecen

La desecación de Hungría no se limita a sus arroyos y humedales. El lago Garancsi, un pequeño lago recreativo situado a unos 20 kilómetros (12 millas) al noroeste de Budapest, solía ser un destino popular para practicar la pesca, la natación y el patinaje sobre hielo. También fue escenario de “Üvegtigris” (Tigre de cristal), una comedia húngara de culto de 2001.

Pero el lago, que existe desde la Edad Media, se ha reducido drásticamente en los últimos años, al grado de que ya no se permite ninguna de las actividades recreativas mencionadas, y la mayor parte de su antiguo lecho está ahora expuesto, agrietado y seco.

Lo que queda de agua es tan poco profunda y cálida que todos los peces y la mayor parte de la fauna silvestre han desaparecido, y las autoridades prevén que estará totalmente seco para finales del verano.

Zoltán Mettner, quien regenta el bar “Tigre de Cristal” a orillas del lago, dijo que las condiciones han empeorado año tras año. Luego de pasar años junto al lago, añadió que verlo ahora resulta “terrible, no hay otra forma de describirlo”.

“Es bastante lamentable haber dejado que la situación llegara a este punto, y que no hubiéramos tomado medidas graduales para evitar que este lago quedara completamente destruido”, expresó.

El gobierno de Hungría planea un cambio de rumbo

El nuevo gobierno húngaro ha prometido comenzar a adoptar dichas medidas.

A finales de junio, el mismo día que el país registró una temperatura récord de 42 grados Celsius (107,6 grados Fahrenheit), el primer ministro Péter Magyar les dijo a los legisladores que su gobierno “reorientaría” las políticas de gestión del agua y pondría en marcha un programa integral de conservación hídrica para mitigar los efectos de la sequía.

“Muchos han dicho año tras año que la escasez del agua sería uno de los problemas de Hungría, y una de las cuestiones estratégicas más importantes a resolver. Tenían razón”, manifestó Magyar.

Además de las deficientes prácticas de retención de agua, Magyar reveló que el envejecimiento de la infraestructura de abastecimiento provoca que entre el 20% y el 25% del agua potable del país se pierda en fugas de tuberías dañadas, lo que supone un costo anual de unos 17.000 millones de forintos húngaros (54,4 millones de dólares).

“Durante años, incluso se negó y minimizó la existencia del problema”, apuntó Magyar. Ahora, agregó, “la retención de agua será el principio fundamental de la gestión hídrica en Hungría”.

El río Danubio, en mínimos históricos

No obstante, implementar cambios de tal envergadura requerirá tiempo y recursos, a la vez que la actual crisis hídrica de Hungría amenaza su capacidad para generar energía suficiente.

El Danubio, el río más largo de la Unión Europea —que atraviesa 10 países, desde el suroeste de Alemania hasta el mar Negro—, ha registrado este verano mínimos históricos sucesivos en su caudal, lo que amenaza con paralizar —por primera vez en sus 44 años de historia— la única central nuclear de Hungría, la cual utiliza agua del río para enfriar sus reactores.

El gobierno húngaro ha adoptado medidas de emergencia para elevar el nivel del agua en la central de Paks, entre ellas el hundimiento de dos barcazas de 80 metros (262 pies) de eslora río arriba y la instalación de un umbral en el lecho del río, diseñado para desviar más agua hacia las bombas de la planta.

En condiciones de sequía así, los humedales cercanos a ríos como el Danubio hacen las veces de “represas naturales” que retienen el agua cuando el clima se vuelve seco, observó Ujj, la especialista en biodiversidad.

El nivel extremadamente bajo del Danubio, así como la mayor probabilidad de inundaciones más frecuentes e intensas, son consecuencias del cambio climático provocado por las actividades humanas, pero pueden ser mitigados en parte mediante un uso adecuado del suelo y la restauración de humedales y otros hábitats naturales, añadió.

“Definitivamente anticipamos que los niveles de agua fluctúen más, y también anticipamos que los patrones de precipitación se vuelvan más extremos, con veranos más secos”, pronosticó. “No obstante, restaurar los humedales y aumentar la evaporación en ciertas zonas podría ayudar a incrementar las precipitaciones durante los meses de verano”.

JUSTIN SPIKE
Spike is an Associated Press reporter based in Budapest, Hungary.