Los mineros de oro itinerantes en el este de Congo complican la contención del ébola

Adultos y niños buscan oro en una zona de minería en Iga-Barrière, provincia de Ituri, en el este de República Democrática del Congo, el viernes 14 de agosto de 2026. (AP Foto/Dieudonne Dirole)

Adultos y niños buscan oro en una zona de minería en Iga-Barrière, provincia de Ituri, en el este de República Democrática del Congo, el viernes 14 de agosto de 2026. (AP Foto/Dieudonne Dirole)

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IGA-BARRIÈRE, República Democrática del Congo (AP) — Isaac Batisa pasa sus días excavando en busca de oro en un sitio minero del este de República Democrática del Congo, con la esperanza de ganar suficiente dinero para mantener a su familia.

Está entre cientos de personas, muchas de ellas niños, que trabajan en la minería artesanal de oro en la provincia de Ituri, en el este del Congo, donde se concentra un brote de ébola que se propaga con rapidez.

Sin embargo, para Batisa, de 11 años, su preocupación inmediata no es la enfermedad, que ha matado a más de 2.300 personas entre al menos 5.000 casos. Solo quiere volver a casa con algo de dinero, a veces apenas 2 dólares al día.

“Aquí no sabemos nada del ébola”, comentó.

El brote se propaga y mata a personas más rápido que cualquier otro brote de la enfermedad en la historia, y una de las principales preocupaciones para los esfuerzos de vigilancia es que los mineros están en constante movimiento y en territorios inseguros, de difícil acceso.

The Associated Press obtuvo un acceso poco común a una de las minas más grandes de Ituri, en la localidad de Iga-Barrière, donde los mineros se agolpan en fosas para excavar en busca de oro. Aunque no hay reportes conocidos de que el brote haya llegado a alguno de los sitios mineros del Congo, las autoridades señalan que es difícil conocer la situación real en zonas de difícil acceso. La mayoría de los nuevos casos y muertes se reportan entre grupos que no están siendo monitoreados, afirman.

El ébola se propaga por contacto directo con los fluidos corporales de una persona infectada o a través de objetos y superficies contaminados. Sin embargo, en los sitios de minería artesanal no se cumplen las medidas para limitar los contagios, como el lavado frecuente de manos y el distanciamiento social. El trabajo para extraer oro lo realizan trabajadores con herramientas manuales básicas como palas y bateas. Muchas de las minas son ilegales, y los mineros procuran evadir a las autoridades locales.

El virus de Bundibugyo que causa el brote actual en el Congo es menos común que otros que provocan la enfermedad del ébola, lo que está complicando la respuesta porque no hay tratamientos ni vacunas específicos.

Los trabajadores de salud dicen que es difícil rastrear a los mineros

En partes del este, incluida Ituri, la minería artesanal de oro atrae a una fuerza laboral muy móvil, ya que los mineros viajan entre aldeas en busca de oro y trabajos relacionados, mientras pequeños comerciantes se desplazan entre zonas mineras y centros de población para intercambiar el mineral.

Pero ese movimiento constante también está haciendo más difícil contener el ébola y complica los esfuerzos para encontrar a personas infectadas y rastrear a quienes pudieron haber estado expuestos, explicó Mari Ndika, trabajadora de respuesta al ébola involucrada en la vigilancia de la enfermedad.

“Los mineros artesanales pueden entrar en contacto con varias comunidades mientras se desplazan de un lugar a otro, lo que puede facilitar la transmisión del virus si una persona está infectada”, advirtió Ndika.

Recientemente, los trabajadores de salud perdieron el rastro de dos mineros que habían sido identificados como contactos de ébola después de que se trasladaron a otro yacimiento, según Anna Ndroy Kansime, una trabajadora comunitaria que ayuda a educar a la gente sobre la enfermedad.

“Se fueron hacia un destino que, hasta el día de hoy, sigue siendo desconocido”, explicó Kansime.

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El peligro es particularmente agudo porque las autoridades sanitarias ya tienen dificultades para seguir el ritmo del virus. Las personas pueden infectarse en un lugar y viajar a otro antes de que los equipos de vigilancia sepan que estuvieron expuestas, lo que potencialmente crea nuevas cadenas de transmisión difíciles de rastrear.

Para complicar aún más el esfuerzo, no existe un sistema confiable para registrar a los trabajadores de las minas y seguir sus movimientos, indicó Kansime.

Trabajadores con pocas opciones fuera de la minería

Los minerales del este del Congo, no solo el oro sino también el coltán, el estaño y el tungsteno, han sido fuente de décadas de conflicto y de oportunidades económicas para sus habitantes.

Batisa, de 11 años, contó que sus padres y dos de sus hermanos murieron en un ataque de rebeldes congoleños. Ahora vive con su tía junto con cinco hermanos, y dijo que fue ella quien lo animó a trabajar en la mina; AP no pudo localizarla para solicitar comentarios.

Más de 100 grupos armados y otras agrupaciones armadas operan en el este del país, incluidas las milicias ADF y CODECO en Ituri. Los combates han desplazado a gran cantidad de personas y han profundizado la pobreza que empuja a las familias hacia la minería artesanal.

Alrededor de 2 millones de personas trabajan en la minería artesanal y de pequeña escala en toda la República Democrática del Congo, según un informe de 2024 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. No hay una estimación reciente confiable de cuántos son niños como Batisa.

UNICEF estima que el 15% de los niños de 5 a 17 años en el Congo participa en trabajo infantil.

En la provincia de Ituri, donde el conflicto ha desarraigado a las familias y donde escasean los empleos, las minas ofrecen la posibilidad de obtener efectivo, por peligroso que sea el trabajo.

En el sitio de Iga-Barrière, la búsqueda de oro lleva a los mineros bajo tierra a través de pozos que pueden extenderse decenas de metros (yardas) hacia el subsuelo. Los túneles se excavan en gran medida a mano, a menudo con poco refuerzo. En la superficie, otros trabajan en fosas abiertas, excavando y clasificando tierra en busca de oro.

Los niños trabajan junto a los adultos. También se puede encontrar a mujeres embarazadas en las fosas abiertas, a veces ya en etapas avanzadas del embarazo, señaló Kansime.

“Necesitamos especialmente instalaciones para lavarnos las manos porque todos vienen de casa a trabajar al sitio”, afirmó Singoma Aimé, un minero de 36 años, que dijo que carecen de protección adecuada en su trabajo.

Un brote que sigue superando la respuesta

El brote que se desarrolla en seis provincias del este del Congo ya es el brote de ébola de crecimiento más rápido en la historia y va camino de convertirse en el más mortífero si supera el brote de ébola de África Occidental de 2014-2016, que mató a más de 11.000 personas.

Casi 5.000 personas se han infectado con la enfermedad en el país, de las que 2.325 han muerto, y casi el 90% de los casos se identificaron en Ituri. Los expertos creen que el virus se estaba propagando en la ciudad minera de Mongbwalu ya en febrero, meses antes de que las autoridades declararan el brote el 15 de mayo.

La semana pasada, el grupo de ayuda Mercy Corps advirtió que se han reportado casos de ébola a lo largo de una importante ruta de viaje a unos 35 kilómetros (22 millas) de la frontera del Congo con Sudán del Sur, y expresó preocupación por la “huella en expansión” del brote.

Su velocidad sigue siendo “extremadamente preocupante” porque continúa superando los esfuerzos para rastrearlo y frenarlo, dijo a AP el lunes Trish Newport, coordinadora de emergencias del grupo humanitario Médicos Sin Fronteras.

“Vemos familiares que llegan y han tenido 15 personas de su familia que han muerto. Necesitamos ampliar rápidamente la capacidad para poder evitar que ocurran más muertes, que más familias y comunidades se vean afectadas”, señaló Newport.

Según Ndika, la trabajadora de respuesta, eso incluye educar a los mineros sobre la prevención y trabajar con autoridades locales, administradores de minas y comunidades para identificar y rastrear casos sospechosos.

Pero persisten los desafíos, incluidas carreteras intransitables, la presencia de grupos armados y el movimiento de personas desplazadas por la violencia. Tampoco es fácil frenar los desplazamientos de los mineros, dijo Kansime.

“Para muchas familias, el oro es lo que paga la comida”, añadió.

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Banchereau informó desde Dakar, Senegal.

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MARK BANCHEREAU
Banchereau covers 22 countries across West and Central Africa for The Associated Press. He is based in Dakar, Senegal.